Duelo y Pérdidas en la Infancia: Cómo Acompañar a tu Hijo/a

"No sé qué decirle." "¿Le cuento la verdad o lo protejo?" "Hace como si nada hubiera pasado… ¿estará bien?" Cuando un niño o niña vive la muerte de alguien cercano, los adultos suelen quedar paralizados entre el dolor propio y el miedo a decir algo que lo dañe más.
La buena noticia es que acompañar el duelo infantil no requiere frases perfectas. Requiere honestidad, presencia y algunas claves sobre cómo entienden la muerte los niños según su edad. Aquí te las contamos, con base en la investigación disponible.
¿Solo la muerte es una pérdida?
No. Para un niño pequeño, una pérdida significativa también puede ser la muerte de una mascota, la separación de sus padres, una mudanza, el cambio de jardín o la partida de un cuidador importante. Aunque a los adultos algunas de estas situaciones nos parezcan "menores", el niño puede vivirlas con una intensidad real, y muchas de las orientaciones de este artículo sirven también para ellas.
¿Cómo entienden la muerte los niños?
El pediatra David Schonfeld, referente en el trabajo con niños y duelo, describe en su artículo "Talking with Children About Death" (Journal of Pediatric Health Care, 1993) que comprender la muerte implica varios conceptos que se adquieren de forma gradual:
Irreversibilidad: la muerte es permanente, no se revierte.
Finalidad: todas las funciones del cuerpo se detienen por completo (el que murió no siente frío, hambre ni dolor).
Universalidad: todo ser vivo muere algún día.
Causalidad: la muerte tiene causas reales, y no es un castigo ni consecuencia de lo que pensamos o hicimos.
Según Schonfeld, en promedio los niños incorporan estos conceptos centrales entre los 5 y los 7 años, aunque cada niño avanza a su propio ritmo. Antes de eso:
Los niños pequeños piensan de forma muy concreta y mágica. Pueden creer que su propio pensamiento o su mala conducta causó la muerte, o imaginar que la persona que murió tiene frío, hambre o está sola en la oscuridad.
Interpretan el lenguaje de forma literal. Si les decimos que "se fue a dormir" o "se fue de viaje", pueden sentir miedo de dormir o esperar su regreso.
Bajo estrés, pueden retroceder a una comprensión menos madura, incluso si ya habían entendido algunos de estos conceptos.
Además, el psicólogo J. William Worden y el Harvard Child Bereavement Study son referencias clásicas en este campo, y gran parte de las guías actuales para familias se apoyan en ellos. Esas guías coinciden en que el duelo varía mucho de un niño a otro, según su relación con la persona que murió y sus estrategias para manejar la emoción. No existe un único "camino correcto" para vivirlo.
Cómo se manifiesta el duelo en los niños
A diferencia de los adultos, los niños rara vez expresan su pena de forma continua o con palabras. Suelen "entrar y salir" del duelo: pueden llorar y, diez minutos después, estar jugando como si nada. Eso no significa que no les afecte. De hecho, Schonfeld señala que el duelo infantil con frecuencia se expresa de forma indirecta, a través del juego y la conducta.
Algunas reacciones frecuentes son:
Preguntas repetidas sobre lo ocurrido, a veces en momentos inesperados
Miedo por su propia seguridad o por la de otros miembros de la familia
Culpa, aunque no tuvieran relación con lo ocurrido
Cambios en el sueño o en el apetito
Irritabilidad, rabietas o, por el contrario, retraimiento
Conductas más infantiles de lo habitual (pedir que lo carguen, dejar de controlar esfínteres, apegarse más)
Dificultad para concentrarse en el jardín o el colegio
Quejas físicas, como dolor de guata o de cabeza
Muchos niños, además, no hacen preguntas por miedo a entristecer a sus padres, y algunos sentimientos son demasiado intensos para ponerlos en palabras.
Cómo acompañar: qué sí ayuda
Las orientaciones que siguen se basan en la literatura sobre duelo infantil, incluyendo el trabajo de Schonfeld y de Worden:
1. Dile la verdad, con palabras simples y concretas. Usa las palabras "murió" y "la muerte", y evita los eufemismos ("se durmió", "se fue", "lo perdimos"). Los niños que no reciben información clara tienden a inventar sus propias explicaciones, que suelen ser más atemorizantes que la realidad.
2. Averigua qué entiende antes de explicar más. Pregúntale con calma: "¿Qué piensas que pasó?" Así puedes corregir ideas erróneas y adaptar tu explicación a su edad. Pídele que te explique de vuelta lo que entendió.
3. Tranquilízalo sobre la culpa y la seguridad. Aunque no lo diga, muchos niños se preguntan si hicieron algo para causar la muerte. Repite, tantas veces como haga falta, que no fue su culpa, y que seguirá estando cuidado y seguro.
4. Acepta todas las emociones. Tristeza, rabia, risa, indiferencia, miedo: todo es válido. No hay una forma "correcta" ni un tiempo "esperable" de sentir.
5. Ofrece formas de expresarlo que no dependan de las palabras. Dibujar, escribir, hacer música, jugar o hacer actividad física pueden ayudar a sacar lo que no logra decir.
6. Dale la opción de participar en los rituales, sin obligarlo. Puede acompañar en el funeral o despedida si lo desea, con un adulto de confianza que le explique de antemano qué va a ver y qué va a pasar. Crear rituales propios (una comida en el aniversario, una caja de recuerdos) también ayuda.
7. Mantén rutinas. Los horarios, el jardín o el colegio y las actividades cotidianas aportan una sensación de seguridad y continuidad.
8. Habla de la persona que murió. Compartir recuerdos y nombrar lo que se extraña le muestra que es posible hablar de la pérdida, y que recordar no es algo que haya que evitar. Esto vale también para las etapas futuras: a medida que crece, el niño volverá a revisar su duelo con nuevas preguntas.
Cuidar al adulto que cuida
Una revisión sistemática de Bergman, Axberg y Hanson (2017), publicada en BMC Palliative Care, analizó 17 estudios (15 de ellos ensayos aleatorizados) sobre programas de apoyo a niños que perdieron a uno de sus padres. Uno de sus hallazgos más relevantes es que apoyar también al adulto que queda a cargo mejora su capacidad de apoyar a sus hijos, y que intervenciones relativamente breves pueden ayudar a prevenir problemas más severos, como el duelo traumático y las dificultades de salud mental.
Esto significa que cuidarte tú, como madre, padre o cuidador, no es egoísmo: es parte del acompañamiento a tu hijo. Si estás atravesando tu propio duelo, pedir ayuda también es una forma de cuidar a tu hijo/a.
Cuándo consultar con un psicólogo infantil
Un duelo, por sí solo, no es una enfermedad ni requiere terapia en todos los casos. Pero conviene consultar si:
La tristeza, la angustia o el miedo no disminuyen con el paso de las semanas, o se intensifican
Hay dificultades persistentes para dormir, comer o separarse de los cuidadores
Presenta cambios marcados en la conducta, el ánimo, el juego o el rendimiento escolar
Se aísla, pierde interés en lo que antes disfrutaba o se muestra muy preocupado por la muerte de otras personas cercanas
Notas retrocesos importantes que no se resuelven con el tiempo
Tú sientes que no sabes cómo acompañarlo o que el duelo de la familia te sobrepasa
Si en algún momento tu hijo o hija expresa deseos de morir o de hacerse daño, busca ayuda profesional de inmediato.
El rol de la psicología infantil en Centro Ruku
En Centro Ruku, el acompañamiento al duelo infantil se realiza considerando la edad del niño o niña, su forma de entender y expresar lo ocurrido, y el contexto familiar. Trabajamos con él o ella a través del juego y otras formas de expresión, y también orientamos a los adultos que lo cuidan, porque el
acompañamiento de la familia es parte central del proceso.
Si tu hijo o hija está viviendo una pérdida y necesitas orientación, en Centro Ruku podemos acompañarlos a ambos. Escríbenos al +56982710166 o agenda una hora aquí.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad entienden los niños qué es la muerte? Según la literatura, la mayoría adquiere los conceptos centrales (que es permanente, universal y tiene causas reales) entre los 5 y 7 años, aunque cada niño avanza a su ritmo. Antes de esa edad es común el pensamiento mágico y literal.
¿Debo decirle la verdad a un niño pequeño? Sí, con palabras simples y concretas. Evitar frases como "se durmió" o "se fue de viaje" ayuda a prevenir confusión y miedos innecesarios.
¿Es normal que mi hijo/a no llore o siga jugando como si nada? Sí. Los niños suelen vivir el duelo "por momentos", alternando entre la pena y el juego. Esto no significa que no le afecte.
¿Debería llevar a mi hijo/a al funeral? Se recomienda ofrecerle la opción, explicándole de antemano qué verá, acompañado de un adulto de confianza y sin obligarlo.
¿Cuándo debo buscar ayuda profesional? Si la angustia no disminuye con las semanas, afecta su sueño, su conducta o su vida diaria, o si sientes que necesitas orientación para acompañarlo.
Referencias
Schonfeld, D. J. (1993). Talking with children about death. Journal of Pediatric Health Care, 7, 269-274.
Bergman, A.-S., Axberg, U., & Hanson, E. (2017). When a parent dies – a systematic review of the effects of support programs for parentally bereaved children and their caregivers. BMC Palliative Care, 16, 39.
Worden, J. W. (1996). Children and Grief: When a Parent Dies. Guilford Press.




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